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Colgando de un hilo.

julio 28, 2012

Un día como cualquiera los pensamientos hicieron nido en el corazón. Las ansias de libertad finalmente quebraron las cadenas que la sostenian a la culpa, el prejuicio, la hipocrecia y el rencor. El espejo reflejó otra silueta, mas delgada, mas fuerte, más desnuda, que le recordaba lo que hacia tiempo llevaba escondiendo bajo la piel. Habia dejado de ser perfecta, pero la vida empezaba a pesar menos.

Aquel libro ocupaba un espacio importante del escritorio pero no en su corazón, perdiendose las ganas, las intenciones, las certezas, la fé. La fé.

Al menos una vez por semana lo recuerda, sin seguridad de haberlo deseado pero con la conviccion de haberlo soñado. Haber visto su nombre enmarcado en luces, con un espacio en algun repertorio, siendo portavoz de las cosas buenas. Se dedica a vivirlo a través de otros, haciendose menos cómplice y más espectador.

Los días transcurren en menos de 24 horas, y ella se los toma pensando que quiza este sea solo un pasaje, un silencio en la partitura donde alguna vez hubo notas y algunos bemoles, un compás que no se aprecia por tanto silencio, como si el director de aquella hermosa composición hubiese bajado las manos.

Se ha perdido, y no para encontrarse a sí misma ni a nadie, sino para preguntarse…

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Ten things I regret

marzo 18, 2012

It is never too early to have regrets in life.

10. Quiting ballet.

9. To Never have visited Disneyland.

8. Being a loner for most part of life.

7. Not having said enough “I love you’s”

6. Not reading the bible enough to keep me out of trouble.

5. Not going to enough parties. (yeah)

4.Growing up far from family.

3. Not helping out more around in the house more (as in to show mom I love her)

2. Being a troublemaker as a teenager.

1. Being too scare to dream.

Clousure. 

I want you for life

diciembre 8, 2011

Pasando por esas conversaciones difíciles que incomodan a todos, sentí que dimos un paso adelante.

Aunque tus manos no dejan de buscarme ni tus ojos de escudriñarme, yo ya no me atrevo a mirarte. Mi corazón se confunde y no sabe precisamente qué sentir. Ya no quiero tomarte la mano.

Los ojos que te esquivaban te miran con profunda seguridad, y encuentran en los tuyos perdón y ganas de hacer algo nuevo.

La verdad es que no puedo borrar mi pasado ni el tuyo. La verdad es que “Tu y yo tenemos cicatrices en la piel, las vemos, nos preguntamos al respecto, las acariciamos y lidiamos con ellas. Tambien tenemos cicatrices dentro, con las que nos toca lidiar tambien.”

Hoy cobra vida “I want you for life”.

 

Whole-Hearted Devotion.

mayo 16, 2011

“… Solo la vida que me diste contiene lo que eres para mi …” dice el puente de un éxito de la Banda GeneraSion en el Zulia.

Iba coreando el exitazo camino a la universidad y dejé mi mente divagar entre cada nota y palabra, y aunque la canción completa es tremenda, la frase de arriba se me pegó en la mente.

Lo que quiero decir es muy breve. El hecho de que los autores escriban y cantar que su vida contiene lo que Dios significa para ellos, es decir, que su vida es reflejo de su amor, devoción, entrega y pasión por Dios, es un acto de mucho valor que debe implicar certeza y consistencia.

¿Y que hay de  nosotros que seguimos la canción cantando?… ¿Podemos decir que nuestro andar refleja que tenemos a Dios por prioridad CERO? ¿Se nota que conocemos la verdad? ¿Que tenemos vida, y la tenemos en ABUNDANCIA? Es posible decir que nuestra vida académica (desempeño académico), nuestras decisiones, la forma en que invertimos el tiempo, nuestra vida familiar, nuestro hablar manifiesta todo el Su mover en nuestras vidas?. Sin duda, todo lo que hacemos pone en manifiesto el alcance de lo que hemos permitido que Dios haga. (Mucho o poco)

Uff. Qué lección. Espero algún día tener la solidez y la confianza de decir que en TODO se nota que Dios está en mi vida.

” Es más que palabras. Es más que una canción, más de lo que yo puedo hoy expresar con mi voz… “

De Gafas y Bastón.

abril 29, 2011

La de las madrugadas infinitas

Cuyos sentidos han perdido fineza,

la que con una palabra puede hacer guerra.

La que antes de dormir cierra todo con candado

y a quien le es imposible hacer algo improvisado.

Esa mujer sinónimo de entereza,

que llevó a 4 muchachitos a vivir como debiera.

Aquella señora a la que el tiempo se le encima,

y que todas las mañanas se toma las benditas medicinas.

La que hace el platano dulce y aplastado,

con “quesito “mantequillita” y “pollito” guisado.

Esa de labios rojos a la hora que de el reloj

la dama con con olor a unguento dulce,

la de gafas y bastón.

“Otra Carta” de Jaime Sabines

abril 5, 2011


Otra carta

Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco.
Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste
—untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme—
apareces distante, intocable, junto a mí.
Me miras como a un niño y se me olvida todo
y ya sólo te quiero alegre, dolorosamente.
He pensado en la duración de Dios,
en la manteca y el azufre de la locura,
en todo lo que he podido mirar en mis breves días.
Tú eres como la leche del mundo.
Te conozco, estás siempre a mi lado más que yo mismo.
¿Qué puedo darte sino el cielo?
Recuerdo que los poetas han llamado a la luna con mil nombres
—medalla, ojos de Dios, globo de plata,
moneda de miel, mujer, gota de aire—
pero la luna está en el cielo y sólo es luna,
inagotable, milagrosa como tú.
Yo quiero llorar a veces furiosamente
porque no sé qué, por algo,
porque no es posible poseerte, poseer nada,
dejar de estar solo.
Con la alegría que da hacer un poema,
o con la ternura que en las manos de los abuelos tiembla,
te aproximas a mí y me construyes
en la balanza de tus ojos,
en la fórmula mágica de tus manos.
Un médico me ha dicho que tengo el corazón de gota
-alargado como una gota- y yo lo creo
porque me siento como una gruta
en que perpetuamente cae, se regenera y cae
perpetuamente. 

Bendita entre todas las mujeres
tú, que no estorbas,
tú que estás a la mano como el bastón del ciego,
como el carro del paralítico.
Virgen aún para el que te posee,
desconocida siempre para el que te sabe,
¿qué puedo darte sino el infierno?
Desde el oleaje de tu pecho
En que naufraga lentamente mi rostro,
te miro a ti, hacia abajo, hasta la punta de tus pies
en que principia el mundo.
Piel de mujer te has puesto,
Suavidad de mujer y húmedos órganos
en que penetro dulcemente, estatua derretida,
manos derrumbadas con que te toca la fiebre que soy
y el caos que soy te preserva.
Mi muerte flota sobre ambos
y tú me extraes de ella como el agua de un pozo,
agua para la sed de Dios que soy entonces,
agua para el incendio de Dios que alimento.

Cuando la hora vacía sobreviene
sabes pasar tus dedos como un ungüento,
posarlos en los ojos emplumados,
reír con la yema de tus dedos.
¿Qué puedo darte yo sino la tierra?
Sembrado en el estiércol de los días
miro crecer mi amor, como los árboles
a que nadie ha trepado y cuya sombra
seca la hierba, y da fiebre al hombre.

Imperfecta, mortal, hija de hombres,
verdadera,
te ursupo, ya lo sé diariamente,
y tu piedad me usa a todas horas
y me quieres a mí, y yo soy entonces,
como un hijo nuestro largamente deseado.

Quisiera hablar de ti a todas horas
en un congreso de sordos,
enseñar tu retrato a todos los ciegos que encuentre.
Quiero darte a nadie
para que vuelvas a mí sin haberte ido.

En los parques, en que hay pájaros y un sol en hojas por el suelo,
donde se quiere dulcemente a las solteronas que miran a los niños,
te deseo, te sueño.
¡Qué nostalgia de ti cuando no estás ausente!
(Te invito a comer uvas esta tarde
o a tomar café, si llueve,
y a estar juntos siempre, siempre, hasta la noche.)

Que nadie se lo diga.

febrero 21, 2011

Alguna vez le dije “Quisiera que pudieras verte como yo te veo” esperando que mis ojos fueran el atajo directo a mi alma y viera en mis adentros, rotundo el reflejo de su ser generosamente excepcional.

Una vez le dije “Ojalá estuvieras dentro de mi” en un esfuerzo inútil de traducir lo que me causa; decirle que me acaricia y me urge, que me escarba y me conmueve, que me enciende, que me aviva.

Le dije un día “Cómo desearía que supieras cuánto te amo” abrigando la ilusión de mis modestias palabras le hablaran de una ternura sin fin, férvida, vehemente; que le admitieran una convicción delicada y profunda, camuflada con dimes y diretes.

Pero él no sabe éstas cosas, no las nota, no se las dije.  Él no sabe que veo su cabellera oscura retozar con el viento y al sol colgarsele en las pestañas que contornean esos ojos extranjeros color café, oriundos de mi corazón.

Nadie le ha dicho que  en días ordinarios hojeo sus fotos para perpetuar cada uno de sus detalles, y que en días extraordinarios enmudezco para eternizar los segundos mientras lo descubro con la mirada.

El ignora que se me impone la confección impecable de sus labios, que me derrota con solo traerme a sus brazos a escuchar cerquita su corazón haciendo revolución; él no sabe que me ha cautivado su música, su algarabía.

Nunca comenten que su piel califica de “exquisita” para mi lista de sabores, que no se compara ni con el sol poniéndose una tarde, a menos que sea sobre su figura; ese molde inédito que quebraron al engendrarle. Olvídense de que su risa es uno de los más espontáneos renuevos del día, y su andar retozón como verlo caminar sobre nubes.

Que no sepa que sus términos y frases me abren los compases del pensamientos a un ritmo nuevo vivaz y responsable, haciéndome sentir perdida y encontrada en nuevo espacio; un intervalo en el que nuestros intelectos se entrelazan para crear cosas nuevas.

No le soplen que he estado buscando un sinónimo a la palabra “perfección” para ponerle a como se conectan nuestras almas cuando oramos y alabamos a quien tuvo la idea original de juntarnos. Nunca le digan.

El no sabe que he hecho con mi corazón el pacto confidencial de quererlo para siempre.

Que no se lo digan, que él lo sepa.

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Edy, te amo.

Mar.